Por Santiago RIMONDINO
La dramática historia de Rusia no podía estar exenta de la clásica y novelesca trama del monarca impostor, que aparece fogoneado por la añoranza de algún personaje fallecido o simplemente legitimado por conveniencias políticas concretas en contextos de disputa por el poder. Y tan conveniente fue en la Rusia del siglo XVII la resurrección del Zarevich Dimitri Ivanovich que no sólo fue suplantado por un impostor sino por hasta cuatro a lo largo de varios años. Es, de todas formas, el primero de ellos (conocido popularmente como El Falso Dimitri) quien logró efectivamente hacerse del trono, gobernar, e incluso acuñar monedas a su nombre.
Para comienzos del año 1600 la dinastía Rurik, iniciada por el famoso Iván el Terribe, ya llevaba dos años extinta. Con el ex zar y sus hijos fallecidos y la viuda Maria Nagaya recluida en un convento solamente un acontecimiento político extraordinario podía engendrar un heredero capaz de destituir a Boris Godunov. Fue en ese contexto que aparece en la escena moscovita un joven alegando ser el zarevich Dimitri, presuntamente fallecido hacía casi una década atrás.

Su sabiduría, seguridad, modales y parecido físico con el infante Ivanovich llamaron la atención del zar Boris Godunov, sobre quien pesaba el rumor de haber sido el artífice del asesinato del pequeño Dimitri, por lo que ordenó su detención. A partir de ese momento comienzan muchos viajes del supuesto zarevich, reclutando simpatizantes políticos que legitimaran su identidad, creyéndole o no, para volver a Rusia.
Comenzó refugiándose en la corte del príncipe Constantino Ostrogsky de Ostrog, luego con los Wisniowieckis en Lituania, quienes lo aceptaron por lo que pretendía ser, ya que esto les abría camino para involucrarse en la política rusa. Al poco tiempo, en Moscú, algunos boyardos comenzaron a aceptar las reivindicaciones de Dimitri debido a que esto les daba una excusa legítima para no pagar impuestos al zar, mientras otros aristócratas rusos vieron en Dimitri una herramienta para sublevarse, atacando la legitimidad de Godunov. Este proceso muestra con claridad hasta qué punto la legitimidad política en la Rusia del período no dependía exclusivamente de principios dinásticos formales, sino también de equilibrios sociales concretos entre grupos con intereses divergentes.

Colección Santiago Rimondino
Para junio del año 1604 el zarevich contaba con un ejército internacional de más de 3500 soldados y logró capturar las ciudades de Chernígov, Putivl, Sebsk y Kursk. Fue derrotado en una última batalla, y luego de replegar y haber vuelto a juntar sus tropas para una nueva campaña, la noticia de la muerte repentina del zar le dio una nueva posibilidad de victoria a través de la sublevación interna en el ejército ruso. Tras apenas un mes de reinado de Teodoro II, el hijo de Boris Godunov, las tropas de Dimitri logran su cometido, tomando Moscú y ejecutando a la familia real.

Comenzando su gobierno el nuevo zar intentó consolidar su poder, visitó la tumba de Iván el Terrible y fue al convento donde estaba recluida la viuda de Iván, María Nagaya, quien lo aceptó y reconoció como su hijo. Este reconocimiento no fue un gesto menor: en sociedades donde la autoridad política y simbólica se sostenía en redes personales y rituales de legitimación, estos actos resultaban centrales para hacer efectiva la autoridad.
Durante su escaso reinado, que duró apenas diez meses, Dimitri —quien para ese momento ya era considerado popularmente como un impostor útil a ciertos intereses políticos extranjeros— logró producir una gran diversidad de monedas siguiendo la tradición de las rústicas acuñaciones de alambre. En la casa de la moneda de Moscú se hizo un nuevo troquel de reverso con el nombre de Dimitri Ivanovich mientras que para los anversos se utilizaron los cuños hechos bajo Teodoro Ivanovich, su fallecido hermano, y Boris Godunov, el anterior zar. La reutilización de matrices anteriores no sólo respondía a razones técnicas, sino también a la necesidad de inscribir el nuevo poder dentro de una continuidad reconocible por la población.
Los kopeks acuñados utilizando matrices sin marca de ceca constituyen la mayoría de las copias conocidas, y la gran cantidad de piezas que han sobrevivido hasta nuestros días indican el trabajo intensivo que hubo en este tribunal monetario.
En la ciudad de Pskov se hicieron troqueles con el nombre de Dimitri Ivanovich, que difieren en estilo con todos los cuños de Pskov que precedieron a la época de Dimitri. Al parecer, se utilizó el trabajo de un maestro grabador extranjero. Para la acuñación del anverso nuevamente se utilizaron matrices de la época de Teodoro Ivanovich con los restos ya gastados de las letras ПС (PS en cirílico, por Pskov) debajo de los pies del caballo. En la ceca de Novgorod se fabricaron dos matrices para el anverso y una para el reverso con el nombre del impostor.
Cabe destacar que este zar fue el primero en utilizar como título “Emperador de toda Rusia”, cien años antes que Pedro el Grande, considerado como el primer emperador oficial. La temprana adopción de este título permite observar cómo las transformaciones en las formas de nombrar el poder precedieron muchas veces a su consolidación efectiva.
La hegemonía de Dimitri se fue deteriorando rápidamente, ganando conspiradores de la iglesia y perdiendo adhesión de sectores importantes de la población. Fue asesinado el 17 de mayo de 1606, dos semanas después de haberse casado con Marina Mniszech (también conocida como Marinka la Bruja); su cuerpo fue exhibido públicamente y luego cremado, y sus cenizas fueron disparadas con cañones en dirección a Polonia.
Sus monedas, muchas veces mal catalogadas como pertenecientes a Iván el Terrible por el patronímico “Ivanovich” grabado de forma parcial, constituyen un testimonio material particularmente elocuente de un momento en el que la autoridad política todavía estaba en disputa y debía afirmarse también a través de la emisión monetaria. En este sentido, las acuñaciones del Falso Dimitri permiten observar cómo el dinero funcionaba como una herramienta de reconocimiento político tanto como un instrumento de intercambio cotidiano.
Artículo publicado originalmente en el boletín anual de CeFiCo Nº50, año 2023. Reeditado para ser publicado nuevamente


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